Hay un nuevo mapa político en Brasil

Se hundieron los tres partidos que dominaron la escena de 1984, cómplices del saqueo del Estado a gran escala.

Fundamentalmente, lo que estamos viendo en Brasil es el hundimiento de los tres partidos que compartieron el poder tras la dictadura: el Movimiento Democrático Brasileño (MDB) de Michael Temer, el Partido de los Trabajadores (PT) de Lula y el Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB) de Fernando Henrique Cardoso. Casualmente, los tres socios en los colosales escándalos de corrupción en el Estado conocidos como Petrolao y Lava Jato.

* Por cierto, 46 de los 87 candidatos (el 52,9%) salpicados por el Lava Jato, que destapó la mayor red de corrupción en la historia de Brasil fueron apartados por el voto popular. Otros cinco procesados aún tendrán la oportunidad de zafar debido a que disputarán la segunda vuelta por el gobierno de algún estado y sólo 35 (el 41,4%) consiguieron ser elegidos el domingo.

* Este es el dato numérico más importante de las elecciones en Brasil: Jair Bolsonaro obtuvo aproximadamente la misma cantidad de votos (49 millones) que los que sumaron juntos el PT el PSDB y MDB, los tres principales partidos políticos del país. Impresionante el rechazo popular a la trenza. Fue un voto antisistema, de desencanto con la clase política tradicional.

* ¿Pueden trazarse parangones con la Argentina? A pesar de lo que vociferan desde el domingo nuestros populistas, Macri no es Bolsonaro. Si el PT equivale al kirchnerismo, puede compararse a los peronistas racionales con el MDB y a Cambiemos con el PSDB. De hecho, la Casa Rosada había deslizado su preferencia por Gerardo Alckmin.

* La prensa brasileña destacó que el rudo militar irrumpió a paso forzado en los tradicionales reductos de la izquierda. Es decir, el capitán de la reserva no sólo consolidó su posición en el sur, sudeste y centroeste del país -donde Aecio Neves del PSDB había registrado sus mejores resultados hace cuatro años- sino que también fue el más votado en Río de Janeiro, Minas Gerais y Río Grande do Sul. En 2014 Dilma Rousseff había ganado los tres estados. En 2014, el PT había ganado en 54 ciudades de Río, el domingo Haddad perdió en todas.

* El diminuto Partido Social y Liberal de Bolsonaro obtuvo 52 bancas en la cámara baja del Congreso, donde en la última elección había sacado apenas una. Tiene ahora el 10% de las bancas y es el segundo partido más grande, superado solo por el PT, que suma 56. Hay que recordar que el candidato conservador tuvo muchos menos minutos que sus rivales en la televisión y muchos menos fondos para la parafernalia electoral. La revolución maduró en las redes sociales.

EL CASO MINAS

* Entiéndase bien lo que ocurrió el domingo. En Minas Gerais, el gobernador del PT y ex ministro, Fernando Pimentel, perdió con Romeu Zema, del Partido Novo, dueño de una cadena de comercios y estaciones de servicio que jamás había incursionado en política pero que fue bendecido por Bolsonaro.

* Minas Gerais era el único estado grande que controlaba el PT. Fue tal el descalabro que Dilma Rousseff quedó cuarta y no disputará en el balotaje una banca para el Senado. La izquierda también perdió Acre, donde era imbatible desde 1998. El PSDB, que gobernó Brasil entre 1995 y 2002, no conquistó ninguna gobernación en primera vuelta tras haber conseguido cinco en 2014. El MDB sólo consiguió un estado (Alagoas) pese a que era considerado hasta hace pocos años como la mayor fuerza electoral de Brasil.

* Así las cosas, al PT no le queda ningún candidato a gobernador en los estados grandes para traccionar votos en el balotaje presidencial. Otro fracaso doloroso fue el del veterano Eduardo Suplicy en San Pablo derrotado por un oficial de la Policía -mano derecha de Bolsonaro- en la disputa por una banca del Senado.

* La populosa periferia de San Pablo es el corazón histórico del PT. El candidato a gobernador del PT, Luiz Marinho, obtuvo el 19% de los votos. Es decir, ocho de cada diez paulistanos votaron contra Lula. No es razonable que el analista juegue a los contrafactuales pero a la luz de esos datos y otros sorprendentes giros ideológicos en todo Brasil cabe suponer que si ex presidente izquierdista hubiera competido es muy difícil que hubiera ganado las elecciones.

* Carlos Roberto Massa, conocido como Ratinho Junior y candidato del también modesto Partido Social Democrático (PSD), fue elegido gobernador de Paraná, con el 60,13% de los votos, tras el impulso que consiguió con el apoyo de Bolsonaro.

* Analistas brasileños destacan que Bolsonaro logró lo que nunca antes había conseguido un candidato de derecha: construir un amplió frente conservador, con el abordaje de temas republicanos como la seguridad pública, la corrupción e impunidad y el combate de los privilegios. Fue un movimiento semejante al de los cazador de marajas de Fernando Collor de Mello. El ex militar reunió a todos los que tienen algo de conservador en sus diferentes gradaciones. La izquierda quedó sitiada en el nordeste y el norte del Brasil.

PODER MILITAR

* Otro dato singular. Al menos 70 candidatos militares consiguieron el domingo algún cargo o escaño durante la disputa electoral, la mayoría de ellos en el Poder Legislativo donde cuadruplicaron su presencia. La Agencia Brasil detalló que 961 candidatos militares se postularon, de los cuales al menos un 8% consiguió ser elegido en primera vuelta, entre ellos dos escaños en el Senado y 22 en la Cámara baja. Tres estados cuyas gobernaciones tienen candidatos militares activos o retirados deberán esperar al balotaje. Entre ellos está el aspirante al gobierno de Río de Janeiro, el ex juez federal Wilson Witzel del Partido Social Cristiano (PSC), también ex infante de Marina, un novato en la política que fue una de las grandes sorpresas por obtener mayoría de votos frente al favorito de los sondeos Eduardo Paes, del partido Demócratas. Otros candidatos militares que disputarán la segunda vuelta son los comandantes Marcos y Moisés, aspirantes a los gobiernos de Rondonia y Santa Catarina respectivamente y ambos del Partido Social Liberal, el mismo de Bolsonaro.

TENDENCIA GLOBAL

* Hay a nivel global una sensación colectiva de que el relativismo moral ha ido demasiado lejos. El triunfo de Bolsonaro también se explica por el deseo de millones de personas de que se reconstruya el principio de autoridad, sobre todo en las calles y en las escuelas.

* Cualquiera que conozca mínimamenye al pueblo brasileño sabe que no es, en su inmensa mayoría, racista, xenófobo, antigay o fascista. Los que ayer votaban al PT por ser, presuntamente, una fuerza antisistema, hoy desencantados por la ruina económica y moral que dejó el lulapetismo se aferraron a la única opción antiestablishment. No votaron a Bolsonaro por sus diatribas extremistas, sino a pesar de ellas. Desde las ricas regiones rurales de Paraná o Río Grande Do Sul hasta las favelas de Río o San Pablo, millones de ciudadanos entendieron que había un candidato que conectaba con su sentido común más básico: mano dura contra los bandidos (de saco y corbata o a bordo de una motocicleta), manos limpias en política, Brasil primero, Dios por encima de todo. Una reacción digna.